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Qué considerar

Por qué el cierre tiene que ceder

Un gato se sube, se mete por espacios estrechos y se engancha. Si el collar no se abre bajo tensión, lo que era un enganche en una reja o una rama pasa a ser un accidente serio. Ese cierre de seguridad —magnético o de liberación— es la diferencia real entre un collar para gato y un collar de perro adaptado.

Por lo mismo, del collar nunca se tira. Un gato no se pasea sujeto del cuello: el cuello felino no está hecho para aguantar tracción, y además el collar bien puesto está justo para soltarse.

Qué arnés y cómo empezar

El más angosto sirve para gatos chicos o jóvenes; el más ancho, con correa, para el adulto que ya sale con regularidad y necesita que la presión se reparta. En los dos casos la medida es la misma: tiene que entrar un dedo entre la cinta y el cuerpo, ni más suelto ni más apretado.

Y conviene ir con expectativas realistas. Casi ningún gato acepta el arnés a la primera: se le pone en casa, ratos cortos, varios días seguidos, hasta que camina normal con él puesto. Recién ahí tiene sentido abrir la puerta.

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